“Como ese mar que le hace falta su arena,
como ese aire que busca un cabello que despeinar,
como ese cigarro que busca su tumba en cualquier boca,
como estas letras encontrando tus ojos;
Así me haces falta, toda la falta existente”
viernes, 3 de octubre de 2014
domingo, 28 de septiembre de 2014
sábado, 27 de septiembre de 2014
El paraíso de los sentimientos perdidos.
Sentimientos confundidos.
O quizá sea el tiempo.
Los miles de segundos que hacen de lo nuestro
Un sufrimiento eterno.
Las caricias que aún anhelo.
Tus labios sobre mi cuello.
Y aquellos besos
Que hacen de mi vida un duelo.
El paraíso de los sentimientos perdidos.
Confundidos.
Un corazón herido.
Que muere como aquel suspiro.
Entrecortado, como tu voz, aquel día.
Al oír que nadie te había querido como yo te quería.
Y esas lágrimas al ver el dolor en los ojos de aquella niña.
O el odio reflejado en aquellas cicatrices que se consumían.
Marcas de una herida de guerra contra ella misma.
Al intentar huir de la cárcel de su mente.
De sus recuerdos.
De sus pesadillas.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Medianoche.
Medianoche. El frío de las húmedas calles de la ciudad se le colaba hasta los huesos. Pero no le importaba. Simplemente andaba. ¿Hacia dónde? Ni siquiera ella lo sabía. No tenía rumbo. No tenía nadie que la esperara, nadie que se preocupara por ella. O quizá sí, la verdad es que ya no lo recordaba.
El humo del cigarro se mezclaba con el vaho que salía de su boca. Olor a lluvia. Apenas podía sentir las manos pero, ¿acaso podía sentir algo? ¿acaso su corazón no estaba congelado también? Un escaparate. Un reflejo. Se observa. Ve a una niña perdida, sola, vagando entre las calles de una ciudad desierta. Ve a su alma, demasiado triste como para querer continuar a su lado. La ve alejarse. Intentar ser libre. Huir.
El humo del cigarro se mezclaba con el vaho que salía de su boca. Olor a lluvia. Apenas podía sentir las manos pero, ¿acaso podía sentir algo? ¿acaso su corazón no estaba congelado también? Un escaparate. Un reflejo. Se observa. Ve a una niña perdida, sola, vagando entre las calles de una ciudad desierta. Ve a su alma, demasiado triste como para querer continuar a su lado. La ve alejarse. Intentar ser libre. Huir.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Y qué decir...
Y qué decir de las noches en las que mi cama está demasiado vacía sin ti. Qué decir si mis labios están sedientos de los tuyos. O de mis ojos, que anhelan ver tu sonrisa, esa que hace olvidarme del mundo. Qué decir si con una mirada te lo diría todo. O con un beso. No sé puede decir nada, porque ninguna palabra es capaz de describir lo que siento por ti. Porque un 'te quiero', se queda corto.
miércoles, 30 de julio de 2014
Ella era mía. Y yo era suya.
La fresca brisa del
mar al anochecer revoloteaba mi pelo mientras, de fondo, se oía el sonido de
las olas del mar al romper en la orilla. Bajo mi cuerpo sentía el frío de la
arena. Tenía los ojos cerrados, captando cada sensación que me rodeaba. Tenía
mi mano entrelazada a la suya. Sentía su respiración a mi lado, relajada.
Ninguna decía una palabra. Simplemente, disfrutábamos del silencio. Abrí los
ojos y lo primero que vi fue la luna, estaba casi llena, seguramente mañana lo
estaría del todo. La luz que esta desprendía, se reflejaba sobre el mar, negro
y tranquilo.
-Precioso,
¿verdad?- dijo ella.-No es nada
comparado contigo- la respondí, girándome para mirarla a los ojos.Entonces ella se
puso encima mía y posó sus labios sobre los míos. “Te quiero”, me susurró. Un
escalofrío inundó mi cuerpo. “Idem”, respondí mientras la besaba. No sé cuánto tiempo
estuvimos así, quizá fuesen minutos o quizá horas. Nada importaba cuando estaba
con ella. El mundo se paraba. La realidad no existía. Sólo estábamos ella y yo.
No importaba nada más. Sólo importaba que la tenía entre mis abrazos,
protegiéndola, acariciándola, abrazándola, queriéndola. Ella era mía. Y yo era
suya.Noches de amor y melancolía.
Apoyada en el alfeizar de la ventana, contemplaba la ciudad bajo un cielo completamente estrellado. Un escalofrío recorrió su cuerpo, pero no le importó, se sentía a gusto respirando el aire fresco de aquella noche de otoño. Cogió el paquete de cigarrillos que tenía en la mano y se encendió uno. El humo del tabaco se mezcló con la humedad de la noche, provocando una especie de neblina a su alrededor. Cerró los ojos por un instante, concentrándose en escuchar los sonidos de la ciudad. Distinguió el maullido de un gato, que seguramente buscaba por aquellas calles desiertas algo que comer. Un poco más a lo lejos oyó a una pareja discutir, por lo que parecía ser debido a alguna copa de más. También se escuchaba el sonido de las hojas de los árboles, chocando entre sí debido al viento, una ventana rota, un perro ladrando, unos niños chillando. Pero de repente, le llegó a sus oídos una especie de música. Sí, se oían las notas de una canción de jazz, era como si se fundiese con sus sentimientos, provocándome una mezcla de amor y melancolía.
viernes, 6 de junio de 2014
Y es que, cuando el miedo te supera, ¿qué puedes hacer? ¿Cómo puedes vencer a tus demonios, esos que te atormentan cada noche, cada día, cada segundo de tu existencia? ¿Cómo puedes protegerte de ti misma? Tu alma está tan vacía que ya no es capaz de abrazarte en la oscuridad, sólo te reconforta esa botella de alcohol que guardas en tu mesilla. Eres como aquel espejo roto de tu habitación, en el que en cada trozo afilado se refleja la belleza de la luna, una belleza tan fría, tan oscura, que sólo puede ser muerte, como lo que se esconde dentro de ti.
sábado, 29 de marzo de 2014
Ángeles de alas rotas.
Los ángeles de alas rotas son seres tan frágiles que no soportan este mundo, que no comprenden jamás como nosotros podemos vivir así. Destinados a una fugaz existencia, viven con pasión, y con esa misma fuerza... sufren. No podemos entender su dolor, ese dolor como si te clavaran mil cuchillos en el corazón. Sufren porque ya no son libres, no pueden volar, están destinados a una vida que no está hecha para ellos, una vida que no es vida, sino muerte. Están prisioneros, como un pájaro en una jaula, que ve la vida pasar al otro lado de los barrotes, ve a los demás pájaros volar, siente el viento pero no puede fundirse con él, oye la naturaleza pero no puede acudir a su llamada. No podemos comprenderlos, simplemente no son de este mundo, egoístamente queremos atarlos a nuestro lado, pero su esencia es tan libre y tan pura que no lo soportarían, su alma se desangraría y lentamente, agonizando, esperarían su ansiada muerte. Ángeles de alas rotas, añorando el cielo, goteando sangre entre caminos ardientes, caminando y caminando con la esperanza de volver a recuperar las alas algún día. Llorando mientras sus esperanzas se consumen y sus recuerdos quedan atrás. Presos de melancolía y con el corazón herido. Miran al cielo, a esa luz cegadora, volviendo sus rostros al infinito. Pero a pesar del cansancio, caminan, esperando el momento en que sus alas sean curadas y puedan volar y ser libres de nuevo.
Yo soy como uno de esos ángeles a los que le han cortado las alas y espera algún día volver a recuperarlas y sentir la libertad de nuevo.
x
jueves, 27 de marzo de 2014
Y junto a tus ilusiones, mueres tú.
La vida se nos escapa de las manos, a cada paso que damos, cada decisión que tomamos o simplemente cada minuto que pasa. Y no me refiero al tiempo en sí, me refiero a la vida. Se consume. Se apaga. Como una luciérnaga que parpadea débil hasta que su luz se apaga y muere.
A veces tenemos la ilusión de que va a venir alguien o algo a reanimarnos, que nos va a cambiar la manera de ver la vida. Alguien por el que vuelvan tus ganas de vivir. Te ilusionas, imaginas un nuevo futuro. Es perfecto, ¿eh?. Piensas que todo mejorará, que no será como antes si no mejor. Te comerás el mundo. Pero, de repente un día, tus ilusiones, que estaban en lo más alto, se encuentran con una pared y zas, se estampan. El golpe es duro, muy duro, tanto que mueren. Desaparecen. Se esfuman tan rápido como vinieron. Se te rompen los planes, todo eso que hacía que te quisieses comer el mundo desaparece. Sólo quedas tú, vacía, rota. Desquebrajada en millones de pedazos irreparables. Vuelves a mirar al futuro pero, esta vez no ves más allá del mañana. Lo ves todo negro. Como bien dice esa canción de Nach "un futuro negro augura". Ya no hay esperanzas ni ilusiones. Desaparecieron con ese golpe. Al igual que tus ganas de vivir. Piensas que no sirves para nada, que todo lo que tu querías y soñaste eran sólo eso, sueños. Ya no te queda nada por lo que luchar, nada por lo que vivir. Y junto a tus ilusiones, mueres tú.
A veces tenemos la ilusión de que va a venir alguien o algo a reanimarnos, que nos va a cambiar la manera de ver la vida. Alguien por el que vuelvan tus ganas de vivir. Te ilusionas, imaginas un nuevo futuro. Es perfecto, ¿eh?. Piensas que todo mejorará, que no será como antes si no mejor. Te comerás el mundo. Pero, de repente un día, tus ilusiones, que estaban en lo más alto, se encuentran con una pared y zas, se estampan. El golpe es duro, muy duro, tanto que mueren. Desaparecen. Se esfuman tan rápido como vinieron. Se te rompen los planes, todo eso que hacía que te quisieses comer el mundo desaparece. Sólo quedas tú, vacía, rota. Desquebrajada en millones de pedazos irreparables. Vuelves a mirar al futuro pero, esta vez no ves más allá del mañana. Lo ves todo negro. Como bien dice esa canción de Nach "un futuro negro augura". Ya no hay esperanzas ni ilusiones. Desaparecieron con ese golpe. Al igual que tus ganas de vivir. Piensas que no sirves para nada, que todo lo que tu querías y soñaste eran sólo eso, sueños. Ya no te queda nada por lo que luchar, nada por lo que vivir. Y junto a tus ilusiones, mueres tú.
martes, 25 de marzo de 2014
Había muerto sin morir.
Simplemente esperaba recuperarla. O al menos volver a verla sonreír, darle vida de
nuevo. Últimamente había estado muy fría, con el mundo en general. Había desaparecido
sin desaparecer. Había muerto sin morir. Se estaba matando cada día un poco más,
sumida en ese pozo de oscuridad, ya no sabía qué hacer para ayudarla, necesitaba
que viese que no estaba sola pero, ya era imposible, ella no me escuchaba, no
escuchaba a nadie, sólo era capaz de oír sus propios pensamientos, esas voces que
inundaban su cabeza instándola a que se alejara de todos, los demonios la querían sólo
para ellos, la consumían, convertían su vida en un auténtico infierno o, mejor, convertían
su vida en muerte, en odio, en desprecio hacia sí misma y hacia el mundo en general,
en oscuridad, en llantos ahogados, sonrisas falsas, lágrimas de sangre. Ella no podía
hacer otra cosa más que dejarse llevar por esos monstruos, monstruos que no vivían
debajo de su cama ni en el armario de su habitación, sino dentro de su cabeza.
nuevo. Últimamente había estado muy fría, con el mundo en general. Había desaparecido
sin desaparecer. Había muerto sin morir. Se estaba matando cada día un poco más,
sumida en ese pozo de oscuridad, ya no sabía qué hacer para ayudarla, necesitaba
que viese que no estaba sola pero, ya era imposible, ella no me escuchaba, no
escuchaba a nadie, sólo era capaz de oír sus propios pensamientos, esas voces que
inundaban su cabeza instándola a que se alejara de todos, los demonios la querían sólo
para ellos, la consumían, convertían su vida en un auténtico infierno o, mejor, convertían
su vida en muerte, en odio, en desprecio hacia sí misma y hacia el mundo en general,
en oscuridad, en llantos ahogados, sonrisas falsas, lágrimas de sangre. Ella no podía
hacer otra cosa más que dejarse llevar por esos monstruos, monstruos que no vivían
debajo de su cama ni en el armario de su habitación, sino dentro de su cabeza.
domingo, 23 de febrero de 2014
Todavía no he aprendido a respirar.
Respiro profundo para llenarlo.Y pienso "ahora sí". Pero no es así. Este vacío ubicado exactamente en la zona del esternón, es imposible de llenar. Y lo hago una y otra vez, poniendo más ímpetu en realizar la tarea de coger aire y trato de retenerlo ahí dentro aguantando la respiración. Pero no, no me siento plena.
Este vacío siempre está ahí, algunas veces es mayor y otras es menor.
Toda la vida respirando y todavía no sé como hacerlo adecuadamente para que este vacío no me provoque sabor amargo en la boca, nudos en la garganta, precipitaciones inestables en los ojos, flojeras en las piernas y cansancio en la frente.
Toda la vida respirando y todavía no he aprendido a respirar.
Este vacío siempre está ahí, algunas veces es mayor y otras es menor.
Toda la vida respirando y todavía no sé como hacerlo adecuadamente para que este vacío no me provoque sabor amargo en la boca, nudos en la garganta, precipitaciones inestables en los ojos, flojeras en las piernas y cansancio en la frente.
Toda la vida respirando y todavía no he aprendido a respirar.
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