¿Sabéis esos momentos en los que lo único que quieres es estar sola? ¿Esos momentos en donde lo
último que necesitas es hablar o ver a nadie? Son momentos en los que te
gustaría irte lejos, muy lejos, donde nadie te encontrase. Donde no te tuvieras
que preocupar de nadie, ni siquiera de ti misma. Sin tener que dar explicaciones. Solo vivir tu vida
como tú quieras. Momentos en los que te gustaría desaparecer, ir a cualquier
lugar menos en el que te encuentras. Lejos de todo.
Esos momentos en los que cierras los ojos y te imaginas en frente de un gran
lago, rodeada de naturaleza, paz y soledad. Sólo estás tú y los animales. Donde no existiera nada, absolutamente nada más que aquel
lago y los árboles de alrededor. Ese sitio donde escapar de la realidad por
unos instantes, para sentirte libre. Rodeada de paz y silencio. Pero sobre todo
ese sitio donde no pudieran perseguirte tus demonios. Donde nada ni nadie pudiese hacerte daño, ni siquiera tu
misma. Ese lugar donde no te odiaras a ti misma, donde ni siquiera supieras lo
que es el odio. Ese lugar, se acercaría bastante a la felicidad.

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