jueves, 27 de marzo de 2014

Y junto a tus ilusiones, mueres tú.

La vida se nos escapa de las manos, a cada paso que damos, cada decisión que tomamos o simplemente cada minuto que pasa. Y no me refiero al tiempo en sí, me refiero a la vida. Se consume. Se apaga. Como una luciérnaga que parpadea débil hasta que su luz se apaga y muere.
A veces tenemos la ilusión de que va a venir alguien o algo a reanimarnos, que nos va a cambiar la manera de ver la vida. Alguien por el que vuelvan tus ganas de vivir. Te ilusionas, imaginas un nuevo futuro. Es perfecto, ¿eh?. Piensas que todo mejorará, que no será como antes si no mejor. Te comerás el mundo. Pero, de repente un día, tus ilusiones, que estaban en lo más alto, se encuentran con una pared y zas, se estampan. El golpe es duro, muy duro, tanto que mueren. Desaparecen. Se esfuman tan rápido como vinieron. Se te rompen los planes, todo eso que hacía que te quisieses comer el mundo desaparece. Sólo quedas tú, vacía, rota. Desquebrajada en millones de pedazos irreparables. Vuelves a mirar al futuro pero, esta vez no ves más allá del mañana. Lo ves todo negro. Como bien dice esa canción de Nach "un futuro negro augura". Ya no hay esperanzas ni ilusiones. Desaparecieron con ese golpe. Al igual que tus ganas de vivir. Piensas que no sirves para nada, que todo lo que tu querías y soñaste eran sólo eso, sueños. Ya no te queda nada por lo que luchar, nada por lo que vivir. Y junto a tus ilusiones, mueres tú.




No hay comentarios:

Publicar un comentario