miércoles, 24 de septiembre de 2014

Medianoche.

Medianoche. El frío de las húmedas calles de la ciudad se le colaba hasta los huesos. Pero no le importaba. Simplemente andaba. ¿Hacia dónde? Ni siquiera ella lo sabía. No tenía rumbo. No tenía nadie que la esperara, nadie que se preocupara por ella. O quizá sí, la verdad es que ya no lo recordaba.
El humo del cigarro se mezclaba con el vaho que salía de su boca. Olor a lluvia. Apenas podía sentir las manos pero, ¿acaso podía sentir algo? ¿acaso su corazón no estaba congelado también? Un escaparate. Un reflejo. Se observa. Ve a una niña perdida, sola, vagando entre las calles de una ciudad desierta. Ve a su alma, demasiado triste como para querer continuar a su lado. La ve alejarse. Intentar ser libre. Huir.


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