jueves, 15 de enero de 2015

Cuando llueve.

Cuando llueve me siento como en casa.
El sol no se ha ido, pero creo que prefiere no salir.
Se encierra detrás de las nubes como pidiendo que le dejen solo hoy.
No es que esté triste, simplemente no le apetece sonreír.
Y yo le entiendo.
También he cerrado la puerta y me he ido.
Me he quedado en silencio y he dejado que la vida suceda sin pedirme permiso.
Pero seguía ahí,
inmersa en la profundidad de algún silencio que no necesitaba palabras.
A veces tengo que recordarme el poco sentido que tiene todo,
y luego vuelvo e intento no hacerme demasiadas preguntas.
Entonces deja de llover y ya nadie se acuerda.
Ni siquiera yo puedo hacerlo.
Es como despertar de un sueño que se te desliza entre los dedos,
y se marcha sin despedirse.
Supongo que todo esto:
la lluvia, el tiempo y las gotas de agua cayendo por la ventana,
hablan de nosotros sin que nadie se de cuenta.
Sólo algunos se detienen y miran.
Y ellos lo comprenden.
Cuando llueve...



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