jueves, 15 de enero de 2015

Cuando llueve.

Cuando llueve me siento como en casa.
El sol no se ha ido, pero creo que prefiere no salir.
Se encierra detrás de las nubes como pidiendo que le dejen solo hoy.
No es que esté triste, simplemente no le apetece sonreír.
Y yo le entiendo.
También he cerrado la puerta y me he ido.
Me he quedado en silencio y he dejado que la vida suceda sin pedirme permiso.
Pero seguía ahí,
inmersa en la profundidad de algún silencio que no necesitaba palabras.
A veces tengo que recordarme el poco sentido que tiene todo,
y luego vuelvo e intento no hacerme demasiadas preguntas.
Entonces deja de llover y ya nadie se acuerda.
Ni siquiera yo puedo hacerlo.
Es como despertar de un sueño que se te desliza entre los dedos,
y se marcha sin despedirse.
Supongo que todo esto:
la lluvia, el tiempo y las gotas de agua cayendo por la ventana,
hablan de nosotros sin que nadie se de cuenta.
Sólo algunos se detienen y miran.
Y ellos lo comprenden.
Cuando llueve...



martes, 13 de enero de 2015

Supongo que seré como otra estación del año.

Me duele el pecho, ya empieza a hacer frío por las noches y mi cama está demasiado vacía sin ti. Un sueño. ¿Dónde estoy? Eso lo sé, pero ignoro por qué aún no me he ido. Miro las puertas, no me atrevo a abrirlas. El tiempo pasa como si sonase una canción triste. Pero aquí sigo. Aquí. Desbordada de necesidades a las que no les pongo palabras. O quizá simplemente sea una palabra. Una persona. Ella. Y me despierto sin poder respirar. A veces simplemente me quedo sin aire, me encierro dentro, echo las cortinas, dejo de mirarme en los espejos.
Supongo que seré como otra estación del año.







lunes, 12 de enero de 2015

Estoy tiritando, y no es de frío.

Que ya no es que me quieras, sino que me abraces este vacío que tengo por dentro. Estoy tiritando, y no es de frío. Es anhelo de tus abrazos, de tus caricias sobre mi piel. Es una presión en el pecho que me ahoga porque no estás. Me consume por dentro hasta el punto de no saber cómo vivir sin ti. Sin tu olor. Sin tu sonrisa. Es ese miedo de irme a dormir y encontrarme mi cama fría y vacía. Miedo de no saber cuando volverás a estar en ella. Porque, joder, te necesito.