Los ángeles de alas rotas son seres tan frágiles que no soportan este mundo, que no comprenden jamás como nosotros podemos vivir así. Destinados a una fugaz existencia, viven con pasión, y con esa misma fuerza... sufren. No podemos entender su dolor, ese dolor como si te clavaran mil cuchillos en el corazón. Sufren porque ya no son libres, no pueden volar, están destinados a una vida que no está hecha para ellos, una vida que no es vida, sino muerte. Están prisioneros, como un pájaro en una jaula, que ve la vida pasar al otro lado de los barrotes, ve a los demás pájaros volar, siente el viento pero no puede fundirse con él, oye la naturaleza pero no puede acudir a su llamada. No podemos comprenderlos, simplemente no son de este mundo, egoístamente queremos atarlos a nuestro lado, pero su esencia es tan libre y tan pura que no lo soportarían, su alma se desangraría y lentamente, agonizando, esperarían su ansiada muerte. Ángeles de alas rotas, añorando el cielo, goteando sangre entre caminos ardientes, caminando y caminando con la esperanza de volver a recuperar las alas algún día. Llorando mientras sus esperanzas se consumen y sus recuerdos quedan atrás. Presos de melancolía y con el corazón herido. Miran al cielo, a esa luz cegadora, volviendo sus rostros al infinito. Pero a pesar del cansancio, caminan, esperando el momento en que sus alas sean curadas y puedan volar y ser libres de nuevo.
Yo soy como uno de esos ángeles a los que le han cortado las alas y espera algún día volver a recuperarlas y sentir la libertad de nuevo.
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