sábado, 29 de marzo de 2014

Ángeles de alas rotas.


Los ángeles de alas rotas son seres tan frágiles que no soportan este mundo, que no comprenden jamás como nosotros podemos vivir así. Destinados a una fugaz existencia, viven con pasión, y con esa misma fuerza... sufren. No podemos entender su dolor, ese dolor como si te clavaran mil cuchillos en el corazón. Sufren porque ya no son libres, no pueden volar, están destinados a una vida que no está hecha para ellos, una vida que no es vida, sino muerte. Están prisioneros, como un pájaro en una jaula, que ve la vida pasar al otro lado de los barrotes, ve a los demás pájaros volar, siente el viento pero no puede fundirse con él, oye la naturaleza pero no puede acudir a su llamada. No podemos comprenderlos, simplemente no son de este mundo, egoístamente queremos atarlos a nuestro lado, pero su esencia es tan libre y tan pura que no lo soportarían, su alma se desangraría y lentamente, agonizando, esperarían su ansiada muerte. Ángeles de alas rotas, añorando el cielo, goteando sangre entre caminos ardientes, caminando y caminando con la esperanza de volver a recuperar las alas algún día. Llorando mientras sus esperanzas se consumen y sus recuerdos quedan atrás. Presos de melancolía y con el corazón herido. Miran al cielo, a esa luz cegadora, volviendo sus rostros al infinito. Pero a pesar del cansancio, caminan, esperando el momento en que sus alas sean curadas y puedan volar y ser libres de nuevo. 

Yo soy como uno de esos ángeles a los que le han cortado las alas y espera algún día volver a recuperarlas y sentir la libertad de nuevo.



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jueves, 27 de marzo de 2014

Y junto a tus ilusiones, mueres tú.

La vida se nos escapa de las manos, a cada paso que damos, cada decisión que tomamos o simplemente cada minuto que pasa. Y no me refiero al tiempo en sí, me refiero a la vida. Se consume. Se apaga. Como una luciérnaga que parpadea débil hasta que su luz se apaga y muere.
A veces tenemos la ilusión de que va a venir alguien o algo a reanimarnos, que nos va a cambiar la manera de ver la vida. Alguien por el que vuelvan tus ganas de vivir. Te ilusionas, imaginas un nuevo futuro. Es perfecto, ¿eh?. Piensas que todo mejorará, que no será como antes si no mejor. Te comerás el mundo. Pero, de repente un día, tus ilusiones, que estaban en lo más alto, se encuentran con una pared y zas, se estampan. El golpe es duro, muy duro, tanto que mueren. Desaparecen. Se esfuman tan rápido como vinieron. Se te rompen los planes, todo eso que hacía que te quisieses comer el mundo desaparece. Sólo quedas tú, vacía, rota. Desquebrajada en millones de pedazos irreparables. Vuelves a mirar al futuro pero, esta vez no ves más allá del mañana. Lo ves todo negro. Como bien dice esa canción de Nach "un futuro negro augura". Ya no hay esperanzas ni ilusiones. Desaparecieron con ese golpe. Al igual que tus ganas de vivir. Piensas que no sirves para nada, que todo lo que tu querías y soñaste eran sólo eso, sueños. Ya no te queda nada por lo que luchar, nada por lo que vivir. Y junto a tus ilusiones, mueres tú.




martes, 25 de marzo de 2014

Había muerto sin morir.

Simplemente esperaba recuperarla. O al menos volver a verla sonreír, darle vida de
nuevo. Últimamente había estado muy fría, con el mundo en general. Había desaparecido
sin desaparecer. Había muerto sin morir. Se estaba matando cada día un poco más,
sumida en ese pozo de oscuridad, ya no sabía qué hacer para ayudarla, necesitaba
que viese que no estaba sola pero, ya era imposible, ella no me escuchaba, no
escuchaba a nadie, sólo era capaz de oír sus propios pensamientos, esas voces que
inundaban su cabeza instándola a que se alejara de todos, los demonios la querían sólo 
para ellos, la consumían, convertían su vida en un auténtico infierno o, mejor, convertían 
su vida en muerte, en odio, en desprecio hacia sí misma y hacia el mundo en general,
en oscuridad, en llantos ahogados, sonrisas falsas, lágrimas de sangre. Ella no podía 
hacer otra cosa más que dejarse llevar por esos monstruos, monstruos que no vivían
debajo de su cama ni en el armario de su habitación, sino dentro de su cabeza.