jueves, 19 de septiembre de 2013

En las profundidades del abismo.

En el inmenso pozo de la desolación tan solo pervive la inconsciencia y la agonía crónica, porque allí únicamente puede llegar a expresarse una reacción mecánica de una vida apagada, vencida prematuramente por la muerte, de una vida que ha perdido todo ánimo por palpitar y ser feliz.

Aquí en estas profundidades nada surge, nada puede subir, nada flota, todo se sumerge y se hunde más y más. El fondo es infinito, y por eso la caída jamás se termina. Aquí no existen las salidas, porque es éste el mejor de todos los encierros ya que no es posible escapar de él. A donde quiera que se vaya, allí se encuentra el abismo, y cuanto más se avanza, más grande es el pozo.

En este estado de profunda depresión no existen los sueños porque todo es una pesadilla, tampoco existe ni un mísero impulso porque aquí todo es inercia. No se oye otra cosa más que ruidos distorsionados, bullicio ensordecedor de murmullos apagados. Aquí nada alumbra, no existe la iluminación. Sólo hay entrada de ingreso, pero no de salida, por lo que es muy difícil de emerger.

Allí abajo el espacio es terriblemente reducido, y, sin embargo, es inmenso.  El abismo es la enfermedad en sí y se incorpora al propio ser como parte de él, por eso es casi imposible vencer al abismo y evitar caer sin arremeter cruelmente contra el mismísimo ser.




lunes, 9 de septiembre de 2013

Soledad.

Esa vieja compañera que me ha acompañado durante toda mi vida, con la que tanto tiempo he compartido y que a veces he buscado. Otras, en cambio, la odio. Odio que esté presente cuando lo único que necesito es un abrazo de alguien que me escuche y me entienda con sólo mirarme a los ojos. Es aquella que me provoca un gran vacío en mi interior. Un dolor en el pecho que ni siquiera las lágrimas son capaces de hacer desaparecer. La soledad es de gran ayuda cuando lo que quieres es alejarte del mundo y de la realidad, pero también es una gran enemiga cuando llevas demasiado tiempo en su compañía.


Yo, por suerte o desgracia, he pasado muchas horas de mi vida en soledad. Quizá demasiadas. Pero la verdad es que nunca me ha importado demasiado, es más, me gustaba. Necesitaba y de vez en cuando necesito tener mi espacio. Pero precisamente por estar toda mi vida en soledad llega un momento en el que duele demasiado estar sola durante tanto tiempo. Necesitas desconsoladamente una persona que te haga salir de tu burbuja de soledad. Pero de repente, te das cuenta de que esa persona no llegará nunca y, aunque llegase, te seguirías sintiendo sola porque no habría nada con lo que te sintieses llena, nada que hiciese desaparecer ese vacío continuo que hay en tu interior, nada con lo que te sintieses feliz, nada con lo que dejaras de estar sola. 


martes, 3 de septiembre de 2013

Cansada de vivir.

Estoy cansada, cansada de vivir la vida que llevo, ¿acaso tiene sentido todo esto?  Ya no quiero seguir con esto, con esta lucha contra fuerzas mayores a mí, que sé que nunca venceré, estoy cansada de tratar de luchar contra mi mente, contra mis demonios,  que siempre vuelven  a sus inicios de oscuridad y sombra.

No hay un horizonte claro para mí, ya no sé que espero, por qué lucho o contra qué, no puedo seguir así, no quiero dejarme llevar por la marea pero es más fuerte que yo, tengo a ratos la tentación de dejarme arrastrar, estoy casi sola y cada día más se van quedando en el camino, son arrastrados por las aguas de la vida, esa vida que yo no quiero para mi, esa vida con metas triviales, nada trascendente, nada perdurable.

No encuentro el camino, no veo la luz al principio del pozo, solo oscuridad y silencio. Ya no deseo más sufrimientos, ni más dolor, ni más desprecios, ni más voces, ni más ansiedad, ni más de nada. Mi vida me resulta una carga demasiado pesada como para llevarla a cuestas, mis recuerdos, mi pasado. Llegas a un punto en el que tanto dolor y tanto miedo te llevan a un lugar sin salida y acabas perdiendo el control, autolastimándote y poniendo fin a una vida, sin sentido de ninguna clase.




lunes, 26 de agosto de 2013

Ese lugar.

¿Sabéis esos momentos en los que lo único que quieres  es estar sola? ¿Esos momentos en donde lo último que necesitas es hablar o ver a nadie? Son momentos en los que te gustaría irte lejos, muy lejos, donde nadie te encontrase. Donde no te tuvieras que preocupar de nadie, ni siquiera de ti misma. Sin tener que dar explicaciones. Solo vivir tu vida como tú quieras. Momentos en los que te gustaría desaparecer, ir a cualquier lugar menos en el que te encuentras. Lejos de todo. Esos momentos en los que cierras los ojos y te imaginas en frente de un gran lago, rodeada de naturaleza, paz y soledad. Sólo estás tú y los animales. Donde no existiera nada, absolutamente nada más que aquel lago y los árboles de alrededor. Ese sitio donde escapar de la realidad por unos instantes, para sentirte libre. Rodeada de paz y silencio. Pero sobre todo ese sitio donde no pudieran perseguirte tus demonios. Donde nada ni nadie pudiese hacerte daño, ni siquiera tu misma. Ese lugar donde no te odiaras a ti misma, donde ni siquiera supieras lo que es el odio. Ese lugar, se acercaría bastante a la felicidad.